
1.- TÍTULO: BOWLING FOR COLUMBINE.
2.- DIRECTOR: Michael Moore.
3.- AÑO: 2002.
4.- NACIONALIDAD: Estados Unidos y Canadá.
5.- DURACIÓN:123 mIin.
6.- GÉNERO: Documental.
7.- SINOPSIS:
¿Por qué 11.000 personas mueren cada año en Estados Unidos víctimas de las armas de fuego? ¿Es tan diferente Estados Unidos de otros países? ¿En qué se diferencia de otros? ¿Por qué Estados Unidos se ha convertido en autor y víctima de tanta violencia? "Bowling for Columbine" es una obra vigorosa que deja una profunda huella en el público. Para los esta-dounidenses, es la condena despiadada e irónica de una cultura del miedo que ha empujado a un pueblo a armarse hasta los dientes y a perder el control. Pa-ra los demás, es una advertencia en clave humorística sobre lo que podría pa-sar en cualquier país del mundo que decidiera adoptar el Modelo Americano para crear un subproletariado numeroso y permanente que debe ser combatido por un ejército armado protegido por la Constitución.
8.- TEMAS TRATADOS:
a) Uso del miedo como arma de alienación
b) Racismo.
c) Violencia escolar.
d) Valor del triunfo.
e) Género.
f) Ausencia del estado de bienestar.
g) Medios de comunicaciçon y estados de opinión.
9.- OBSERVACIONES:
En los trece años transcurridos entre Roger & Me y BOWLING FOR COLUMBINE, Michael Moore ha desarrollado un estilo que podría ser definido como polémico, audaz y divertido. Sus documentales son una muestra clara de su coherencia al abordar los asuntos que desea investigar: “A veces, sobre todo cuando se trata de entrevistas, es mejor trabajar pensando únicamente en presente. Si llegas a una entrevista con un orden del día preestablecido, al final la película será rígida, acotada. Para mí, lo fundamental es que las películas o los documentales sigan su curso”.
En la primavera de 1999, Michael Moore estaba trabajando en la serie televisiva The Awful Truth, cuya emisión estaba prevista para otoño de ese año por Bravo (Estados Unidos y Canadá) y Channel Four (Reino Unido). El director, famoso por su capacidad para indagar en el sitio adecuado y tocar las cuerdas más sensibles de la conciencia colectiva, acababa de terminar un episodio satírico y al mismo tiempo de “cine negro” titulado Teen Sniper School (Escuela para Niños Francotiradores). “Había pensado en un profesor de tiro que enseñara a niños de unos dos años de edad a utilizar las armas de fuego. La película estaba ambientada en una escuela en la que los alumnos aprendían la mejor manera de eliminar al capitán del equipo de fútbol o a olvidar la dosis cotidiana de antidepresivos para poder liberar toda la agresividad y cosas parecidas”.
Debido a la censura, ese episodio nunca fue emitido. A los pocos días de haber terminado de montarlo, doce estudiantes y un profesor del instituto de enseñanza secundaria de Columbine, en Littleton, Colorado, murieron, víctimas de disparos de armas de fuego. Con su película, Moore había superado claramente la sátira mostrándonos una anticipación del lado más terrible y oscuro de la cultura americana. Pero, llegados a ese punto, el tema merecía una reflexión más profunda.
“Quería hacer algo más, quería hablar más a fondo del asunto”, dice Moore. Y mientras devoraba páginas y páginas de noticias acerca de la tragedia de Columbine, empezó a observar algunas sorprendentes coincidencias. Eric Harris, unos de los autores de la matanza, había pasado parte de su infancia en una base aérea cercana a la misma ciudad en la que había crecido Moore, en Michigan. Y, además, Terry Nichols, compañero de Timothy McVeigh en el atentado de Oklahoma City en 1995, había ido a la escuela cercana a la de Moore. Y, por fin, Charlton Heston, el gladiador de la Asociación Nacional del Rifle, se había criado a una hora y media de distancia de la casa de Moore. Todas esas coincidencias contribuyeron a que el director se interesara en explorar el ambiente cultural en el que había crecido.
Al poco tiempo, Moore estaba sentado en un bar de Manhattan con Michael Donovan, copropietario de Salter Street Films, que había sido productor de la serie candidata al Oscar y producida por Moore, The Awful Truth. “Le dije claramente que quería hacer un documental largo sobre las armas”, dice Moore. “Aún no había terminado de decirlo, cuando Donovan me dijo: ‘Quiero hacerlo. Buscaré dinero y lo haremos’”.
Michael Donovan y Charles Bishop, de Salter Street Films, estaban convencidos de que Moore era la persona adecuada para hacer el documental. “Es el mejor crítico social de la televisión y del cine de hoy”, dice Bishop. “En esa época, Michael le daba vueltas a un proyecto sobre otro tema candente, la seguridad social”, explica Donovan. “Pero luego se dio cuenta de que había que hablar de algo más urgente, de más entidad, más peligroso, y cambió de idea”. Por pura coincidencia, Donovan también estaba pensando en el mismo tema. “Columbine, la obsesión estadounidense por las armas. Es un asunto que tiene implicaciones internacionales porque lo que pasaba con las pistolas estaba pasando a mayor escala con los misiles y las bombas nucleares. Todo ello es fruto de una cultura que reacciona de forma desproporcionada a la situación real”.
Kathleen Glynn, mujer de Michael Moore y productora de sus películas, trabaja a su lado desde hace años, lo que le ha permitido seguir de cerca su evolución y la maduración de sus cualidades artísticas. “Cuando se trata de cine, a Michael le gusta ir más allá y ponerse en situaciones muy delicadas”, explica Glynn. “Esta película es un documento muy importante y complejo porque está estratificado en varios niveles. Los que se queden en la superficie lo encontrarán simplemente actual, real y sorprendente, pero los que quieran profundizar más descubrirán todo un arco de sentimientos y emociones fundamentales para la comprensión de la película. El objetivo de Michael es lograr que el público salga de la sala con sentimientos y sensaciones muy concretas sobre lo que acaba de ver”.
Desarrollando este punto, el director agrega: “Creo que otro, en mi lugar, habría resuelto las cosas así: ‘Eh, chicos, demos una vuelta por el país detrás de esos locos de remate armados y tomémosles el pelo con nuestra película’. Pero yo estoy convencido de que la gente no va al cine para oír sermones sobre lo que hace. La gente va a ver una buena película porque le gusta que la desafíen, que la pongan a prueba, pero sobre todo porque quiere divertirse y pasar el rato. ¿Qué hay que hacer entonces para conseguir divertirla y al mismo tiempo plantearle cuestiones serias?”.
Moore parece satisfecho de la teoría del miedo. “Hay algo especial en el cerebro humano. Nos gusta tener miedo, nos encantan las películas de terror, la fiesta de Halloween. Creo que todo esto se remonta a la prehistoria del hombre, a nuestro instinto primario de luchar y huir. Se trata del deseo, siempre vivo en nuestro interior, de estar siempre alerta, de modo que, cuando advertimos que hay un peligro, podemos huir y ponernos a salvo. Y precisamente aquí entra en juego una diferencia fundamental: asustarse en el cine es una cosa, ser manipulado por los medios de comunicación, por los programas de seudoperiodismo o por un presidente que te dice que existe un imperio del mal dispuesto a perseguirte por toda la tierra y a aplastarte es otra cosa completamente distinta”.
Para el productor Charles Bishop, BOWLING FOR COLUMBINE nació de una excelente idea; además, a medida que iban avanzando en la redacción del proyecto, los trágicos acontecimientos reales lo han hecho más significativo. “Al principio, y ésta es la clave para entender la película, el proyecto se había centrado por completo en la matanza de Columbine; pero seis meses después sucedió el homicidio de Kayla Roland, una niña de seis años muerta por un niño de su edad en Flint, en Michigan. Flint es la ciudad natal de Moore y ese trágico suceso le impresionó profundamente, hasta el punto de que lo impulsó a cambiar de punto de mira y concentrar la atención de la película sobre Flint”. BOWLING FOR COLUMBINE ha superado nuestras más salvajes expectativas”, afirma Michael Donovan satisfecho. “Al verlo, nos damos cuenta de que las imágenes que se ven en la gran pantalla son mucho más potentes de lo que habíamos pensado. El 11 de septiembre cambió radicalmente a Michael Moore y, por consiguiente, a la película”. Ese día, Moore estaba en Los Ángeles para la entrega de los Premios Emmy, y se quedó bloqueado en California. No conseguía encontrar un vuelo para volver a casa, en Nueva York. Al final, decidió regresar en coche, atravesando Estados Unidos de costa a costa. Era la primera vez que lo hacía, y mientras viajaba a través de su país, toda la gente con la que se iba encontrando le hablaba naturalmente del 11 de septiembre. Aquel viaje le hizo palpar la angustia de todo Estados Unidos y le obligó a revisar por completo la perspectiva de la película, que a partir de entonces se convirtió en más amplia y global”.
“Podría haber hecho esta película hace diez años y el resultado habría sido el mismo, porque en realidad la película no habla de la matanza de Columbine o de las armas. En estos diez años, Estados Unidos no ha cambiado desde este punto de vista. La película habla de nuestra cultura del miedo y de cómo este miedo tan difuso conduce inevitablemente a actos de violencia, en casa y a nivel internacional”.
El material rodado suma un total de 200 horas, parte de las cuales están dedicadas a las entrevistas, que se han convertido en cierto modo en la firma de Moore. “La primera explicación del éxito de las entrevistas de Michael es que él plantea las preguntas que todos quisiéramos hacer”, afirma la productora Kathleen Glynn. “Profundizando algo más, podríamos afirmar que al público le encantan sus entrevistas porque Michael plantea preguntas muy concretas a las personas que, para el público, deberían ser capaces de contestarlas, y, sobre todo, contestarlas honestamente. A Michael le sigue emocionando la idea de hacer una entrevista, aunque ya debería estar acostumbrado. Yo a menudo estoy con él cuando las hace y al verlo trabajar pienso: ¡Dios mío, no me lo puedo creer! ¡No es posible que le esté haciendo precisamente esa pregunta! Observarlo mientras hace una entrevista es como observar a un cirujano trabajando. Es una operación muy delicada; Michael tiene que ser sumamente delicado y para hacerlo se requiere una larga preparación. Como en las intervenciones quirúrgicas, nunca se sabe lo que uno se va a encontrar cuando se ha empezado a abrir y profundizar”.
Para Moore, las entrevistas son la única manera de tomar distancia de su documental, si bien es consciente de que la película muestra su posición personal en relación con un asunto tan candente y urgente. Una cosa que le importa mucho es que cada espectador logre hacerse una idea personal y extraiga sus propias conclusiones partiendo de dichas entrevistas.
“No quiero decir que Michael sea impasible”, afirma Kathleen Glynn, que lo conoce desde hace veinte años. “Más bien diría que siempre está buscando la verdad y que lo hace planteando preguntas y manteniéndose siempre dispuesto a escuchar respuestas que no siempre coinciden con lo que él piensa. Y lo hace con gran honestidad”.
“Siempre me han dicho que con los años nos hacemos más equilibrados, más sabios y conservadores”, comenta el director. “Pero no creo que esto funcione conmigo, es más, me parece que me está pasando precisamente todo lo contrario. BOWLING FOR COLUMBINE es lo más provocador que he hecho hasta ahora, ¡y tengo 48 años!”.
2.- DIRECTOR: Michael Moore.
3.- AÑO: 2002.
4.- NACIONALIDAD: Estados Unidos y Canadá.
5.- DURACIÓN:123 mIin.
6.- GÉNERO: Documental.
7.- SINOPSIS:
¿Por qué 11.000 personas mueren cada año en Estados Unidos víctimas de las armas de fuego? ¿Es tan diferente Estados Unidos de otros países? ¿En qué se diferencia de otros? ¿Por qué Estados Unidos se ha convertido en autor y víctima de tanta violencia? "Bowling for Columbine" es una obra vigorosa que deja una profunda huella en el público. Para los esta-dounidenses, es la condena despiadada e irónica de una cultura del miedo que ha empujado a un pueblo a armarse hasta los dientes y a perder el control. Pa-ra los demás, es una advertencia en clave humorística sobre lo que podría pa-sar en cualquier país del mundo que decidiera adoptar el Modelo Americano para crear un subproletariado numeroso y permanente que debe ser combatido por un ejército armado protegido por la Constitución.
8.- TEMAS TRATADOS:
a) Uso del miedo como arma de alienación
b) Racismo.
c) Violencia escolar.
d) Valor del triunfo.
e) Género.
f) Ausencia del estado de bienestar.
g) Medios de comunicaciçon y estados de opinión.
9.- OBSERVACIONES:
En los trece años transcurridos entre Roger & Me y BOWLING FOR COLUMBINE, Michael Moore ha desarrollado un estilo que podría ser definido como polémico, audaz y divertido. Sus documentales son una muestra clara de su coherencia al abordar los asuntos que desea investigar: “A veces, sobre todo cuando se trata de entrevistas, es mejor trabajar pensando únicamente en presente. Si llegas a una entrevista con un orden del día preestablecido, al final la película será rígida, acotada. Para mí, lo fundamental es que las películas o los documentales sigan su curso”.
En la primavera de 1999, Michael Moore estaba trabajando en la serie televisiva The Awful Truth, cuya emisión estaba prevista para otoño de ese año por Bravo (Estados Unidos y Canadá) y Channel Four (Reino Unido). El director, famoso por su capacidad para indagar en el sitio adecuado y tocar las cuerdas más sensibles de la conciencia colectiva, acababa de terminar un episodio satírico y al mismo tiempo de “cine negro” titulado Teen Sniper School (Escuela para Niños Francotiradores). “Había pensado en un profesor de tiro que enseñara a niños de unos dos años de edad a utilizar las armas de fuego. La película estaba ambientada en una escuela en la que los alumnos aprendían la mejor manera de eliminar al capitán del equipo de fútbol o a olvidar la dosis cotidiana de antidepresivos para poder liberar toda la agresividad y cosas parecidas”.
Debido a la censura, ese episodio nunca fue emitido. A los pocos días de haber terminado de montarlo, doce estudiantes y un profesor del instituto de enseñanza secundaria de Columbine, en Littleton, Colorado, murieron, víctimas de disparos de armas de fuego. Con su película, Moore había superado claramente la sátira mostrándonos una anticipación del lado más terrible y oscuro de la cultura americana. Pero, llegados a ese punto, el tema merecía una reflexión más profunda.
“Quería hacer algo más, quería hablar más a fondo del asunto”, dice Moore. Y mientras devoraba páginas y páginas de noticias acerca de la tragedia de Columbine, empezó a observar algunas sorprendentes coincidencias. Eric Harris, unos de los autores de la matanza, había pasado parte de su infancia en una base aérea cercana a la misma ciudad en la que había crecido Moore, en Michigan. Y, además, Terry Nichols, compañero de Timothy McVeigh en el atentado de Oklahoma City en 1995, había ido a la escuela cercana a la de Moore. Y, por fin, Charlton Heston, el gladiador de la Asociación Nacional del Rifle, se había criado a una hora y media de distancia de la casa de Moore. Todas esas coincidencias contribuyeron a que el director se interesara en explorar el ambiente cultural en el que había crecido.
Al poco tiempo, Moore estaba sentado en un bar de Manhattan con Michael Donovan, copropietario de Salter Street Films, que había sido productor de la serie candidata al Oscar y producida por Moore, The Awful Truth. “Le dije claramente que quería hacer un documental largo sobre las armas”, dice Moore. “Aún no había terminado de decirlo, cuando Donovan me dijo: ‘Quiero hacerlo. Buscaré dinero y lo haremos’”.
Michael Donovan y Charles Bishop, de Salter Street Films, estaban convencidos de que Moore era la persona adecuada para hacer el documental. “Es el mejor crítico social de la televisión y del cine de hoy”, dice Bishop. “En esa época, Michael le daba vueltas a un proyecto sobre otro tema candente, la seguridad social”, explica Donovan. “Pero luego se dio cuenta de que había que hablar de algo más urgente, de más entidad, más peligroso, y cambió de idea”. Por pura coincidencia, Donovan también estaba pensando en el mismo tema. “Columbine, la obsesión estadounidense por las armas. Es un asunto que tiene implicaciones internacionales porque lo que pasaba con las pistolas estaba pasando a mayor escala con los misiles y las bombas nucleares. Todo ello es fruto de una cultura que reacciona de forma desproporcionada a la situación real”.
Kathleen Glynn, mujer de Michael Moore y productora de sus películas, trabaja a su lado desde hace años, lo que le ha permitido seguir de cerca su evolución y la maduración de sus cualidades artísticas. “Cuando se trata de cine, a Michael le gusta ir más allá y ponerse en situaciones muy delicadas”, explica Glynn. “Esta película es un documento muy importante y complejo porque está estratificado en varios niveles. Los que se queden en la superficie lo encontrarán simplemente actual, real y sorprendente, pero los que quieran profundizar más descubrirán todo un arco de sentimientos y emociones fundamentales para la comprensión de la película. El objetivo de Michael es lograr que el público salga de la sala con sentimientos y sensaciones muy concretas sobre lo que acaba de ver”.
Desarrollando este punto, el director agrega: “Creo que otro, en mi lugar, habría resuelto las cosas así: ‘Eh, chicos, demos una vuelta por el país detrás de esos locos de remate armados y tomémosles el pelo con nuestra película’. Pero yo estoy convencido de que la gente no va al cine para oír sermones sobre lo que hace. La gente va a ver una buena película porque le gusta que la desafíen, que la pongan a prueba, pero sobre todo porque quiere divertirse y pasar el rato. ¿Qué hay que hacer entonces para conseguir divertirla y al mismo tiempo plantearle cuestiones serias?”.
Moore parece satisfecho de la teoría del miedo. “Hay algo especial en el cerebro humano. Nos gusta tener miedo, nos encantan las películas de terror, la fiesta de Halloween. Creo que todo esto se remonta a la prehistoria del hombre, a nuestro instinto primario de luchar y huir. Se trata del deseo, siempre vivo en nuestro interior, de estar siempre alerta, de modo que, cuando advertimos que hay un peligro, podemos huir y ponernos a salvo. Y precisamente aquí entra en juego una diferencia fundamental: asustarse en el cine es una cosa, ser manipulado por los medios de comunicación, por los programas de seudoperiodismo o por un presidente que te dice que existe un imperio del mal dispuesto a perseguirte por toda la tierra y a aplastarte es otra cosa completamente distinta”.
Para el productor Charles Bishop, BOWLING FOR COLUMBINE nació de una excelente idea; además, a medida que iban avanzando en la redacción del proyecto, los trágicos acontecimientos reales lo han hecho más significativo. “Al principio, y ésta es la clave para entender la película, el proyecto se había centrado por completo en la matanza de Columbine; pero seis meses después sucedió el homicidio de Kayla Roland, una niña de seis años muerta por un niño de su edad en Flint, en Michigan. Flint es la ciudad natal de Moore y ese trágico suceso le impresionó profundamente, hasta el punto de que lo impulsó a cambiar de punto de mira y concentrar la atención de la película sobre Flint”. BOWLING FOR COLUMBINE ha superado nuestras más salvajes expectativas”, afirma Michael Donovan satisfecho. “Al verlo, nos damos cuenta de que las imágenes que se ven en la gran pantalla son mucho más potentes de lo que habíamos pensado. El 11 de septiembre cambió radicalmente a Michael Moore y, por consiguiente, a la película”. Ese día, Moore estaba en Los Ángeles para la entrega de los Premios Emmy, y se quedó bloqueado en California. No conseguía encontrar un vuelo para volver a casa, en Nueva York. Al final, decidió regresar en coche, atravesando Estados Unidos de costa a costa. Era la primera vez que lo hacía, y mientras viajaba a través de su país, toda la gente con la que se iba encontrando le hablaba naturalmente del 11 de septiembre. Aquel viaje le hizo palpar la angustia de todo Estados Unidos y le obligó a revisar por completo la perspectiva de la película, que a partir de entonces se convirtió en más amplia y global”.
“Podría haber hecho esta película hace diez años y el resultado habría sido el mismo, porque en realidad la película no habla de la matanza de Columbine o de las armas. En estos diez años, Estados Unidos no ha cambiado desde este punto de vista. La película habla de nuestra cultura del miedo y de cómo este miedo tan difuso conduce inevitablemente a actos de violencia, en casa y a nivel internacional”.
El material rodado suma un total de 200 horas, parte de las cuales están dedicadas a las entrevistas, que se han convertido en cierto modo en la firma de Moore. “La primera explicación del éxito de las entrevistas de Michael es que él plantea las preguntas que todos quisiéramos hacer”, afirma la productora Kathleen Glynn. “Profundizando algo más, podríamos afirmar que al público le encantan sus entrevistas porque Michael plantea preguntas muy concretas a las personas que, para el público, deberían ser capaces de contestarlas, y, sobre todo, contestarlas honestamente. A Michael le sigue emocionando la idea de hacer una entrevista, aunque ya debería estar acostumbrado. Yo a menudo estoy con él cuando las hace y al verlo trabajar pienso: ¡Dios mío, no me lo puedo creer! ¡No es posible que le esté haciendo precisamente esa pregunta! Observarlo mientras hace una entrevista es como observar a un cirujano trabajando. Es una operación muy delicada; Michael tiene que ser sumamente delicado y para hacerlo se requiere una larga preparación. Como en las intervenciones quirúrgicas, nunca se sabe lo que uno se va a encontrar cuando se ha empezado a abrir y profundizar”.
Para Moore, las entrevistas son la única manera de tomar distancia de su documental, si bien es consciente de que la película muestra su posición personal en relación con un asunto tan candente y urgente. Una cosa que le importa mucho es que cada espectador logre hacerse una idea personal y extraiga sus propias conclusiones partiendo de dichas entrevistas.
“No quiero decir que Michael sea impasible”, afirma Kathleen Glynn, que lo conoce desde hace veinte años. “Más bien diría que siempre está buscando la verdad y que lo hace planteando preguntas y manteniéndose siempre dispuesto a escuchar respuestas que no siempre coinciden con lo que él piensa. Y lo hace con gran honestidad”.
“Siempre me han dicho que con los años nos hacemos más equilibrados, más sabios y conservadores”, comenta el director. “Pero no creo que esto funcione conmigo, es más, me parece que me está pasando precisamente todo lo contrario. BOWLING FOR COLUMBINE es lo más provocador que he hecho hasta ahora, ¡y tengo 48 años!”.
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